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Historia

Acercamiento a la historia de Victoria


   La ciudad de Victoria, al igual que muchas de la región (como Rosario y Paraná), no tiene fundación.

   La presencia de criollos y españoles -mayormente vascos- en lo que hoy es el departamento Victoria, puede rastrarse hasta mediados del siglo XVIII, luego que los habitantes originarios de la zona fueran desplazados, hecho que se concretó en el Cerro de La Matanza según algunas fuentes, y más allá de que la veracidad de un enfrentamiento en ese lugar haya sido puesta en dudas por varios historiadores.

   En los primeros años del siglo XIX la zona, conocida entonces como “El Pago de La Matanza”, registra ya una incipiente actividad que lleva a los vecinos a pedirle en 1806 a Joaquín Salvador de Ezpeleta, un comerciante afincado en la región con relaciones en Buenos Aires, a que gestione el reconocimiento de un oratorio, con la presencia de un cura, lo que permitiría reunirlos en torno a un centro urbano en el que pudieran desarrollar no sólo sus actividades religiosas, sino también civiles, con la inscripción de nacimientos, defunciones, casamientos…

   La primera misa en el oratorio de La Matanza, que se celebró el 13 de mayo de 1810, es considerada el hito fundacional de la ciudad, que recién en 1826 sería reconocida oficialmente como Villa durante el gobierno de Justo José de Urquiza, y en 1829, durante el gobierno de Juan León Sola se cambió el nombre de La Matanza por el actual, Victoria.

   El desarrollo de la ciudad en el siglo XIX se caracterizó por el aporte inmigratorio, en un principio españoles e italianos (estos últimos mayormente genoveses, pero en general de las más variadas regiones de Italia) y el desarrollo de la industria calera, al punto que buena parte de la cal con que se construyeron los principales edificios de La Plata, entre 1882 y 1890 salió de las canteras de las siete colinas), lo que permitió que el Quinto Cuartel, donde estaba el puerto, se convirtiera en el motor económico de la ciudad, llegando a tener grandes empresas e incluso bancos privados con edición de moneda propia, hasta la unificación monetaria de fines del siglo XIX.

   En la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX la corriente inmigratoria se enriqueció con el aporte de nuevas oleadas españolas e italianas, pero también de judíos, siriolinabeses y alemanes del Volga, entre otras.

   En ese siglo, además, Victoria tuvo una activa participación en los conflictos internos del país, con presencia de numerosas batallas de la consolidación nacional, como Caseros, Pavón y Cepeda. 

   Otro hito de esa época en Victoria fue la llegada de los benedictinos en 1890, con la instalación de la hoy célebre Abadía del Niño Dios.

   Ya en el siglo XX, la Constitución de la Provincia de Entre Ríos reconocía a las siete colinas como la tercera ciudad entrerriana en importancia, al establecer que su Concejo Deliberante debía tener 12 ediles, al igual que Concordia, mientras que, salvo Paraná, determinó que el resto de las ciudades de la provincia tuviera concejos de 10 integrantes.

   A fines del siglo XIX llegó el ferrocarril y a principios del XX el puerto fue trasladado a su ubicación actual.  Por entonces también se producían en Victoria vinos de reconocida calidad,

   La caída de la industria calera, que algunos relacionan con el desarrollo de la industria cementera en el sur de la provincia de Buenos Aires, marcó un retroceso relativo en el desarrollo de Victoria, que a lo largo del siglo XX fue desplazada en su importancia por otras ciudades provinciales.

   En la segunda mitad del siglo XX Victoria vivió un nuevo desarrollo a partir del cambio económico que representó el reemplazo de la ganadería en favor de la agricultura, convirtiéndose en uno de los departamentos referentes en materia de rindes a nivel nacional en los diferentes cultivos.

   El río, que en los orígenes de la ciudad era la principal vía de comunicación, fue perdiendo relevancia con el correr del siglo XX, al punto que los servicios de lancha y balsa que durante décadas unieron a Victoria con Rosario dejaron de funcionar hacia los años ’70.

   No obstante, la necesidad de esa unión, sobre la que se trabajaba desde fines del siglo XIX con la apertura del canal Piaggio, se plasmó finalmente como una clara intención en los últimos años del siglo XX, para en los albores del XXI concretarse en la unión vial con Rosario, lo que cambió la ubicación de Victoria en la red carretera del país, sacándola de un lugar secundario para colocarla como un importante nudo de comunicaciones a nivel continental, permitiendo una nueva era de potencial desarrollo comercial, turístico, e industrial que se vive en la actualidad, revirtiendo incluso las tasas negativas de crecimiento para ser reconocida hoy como una de las ciudades más pujantes de la provincia.

Claudio V. González
Coordinador de Cultura
a/c Museo de la Ciudad “Carlos Anadón”